Humor enlatado
En seguida aparece el momento de la irritación, de la búsqueda de culpables, de repartir responsabilidades, hasta el instante que recuerdas cómo odias las cenas navideñas.
Pero cerca de los cincuenta te das cuenta de que tienes en tu agenda más contactos que amigos y comienzas a añorar a tu familia.
Un pequeño gato negro aparece y mirándome se sienta frente a mí. Intento recordar los consejos que me daba mi abuela. Para evitar la mala suerte no sé si tenía que evitarlo, tocarlo, echar una pizca de sal en mi hombro izquierdo o en el derecho, ..., o al gato, o lanzarle una herradura?
Pero mis pensamientos se vieron interrumpidos de repente cuando el gato cansado me grita: ¿vas a hacer algo de una vez por todas o no?, te advierto que no tengo todo el día!
Sr. Watanabe
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